Recuperar la ilusión de aquellos maravillosos años

boiro

 

Artículo publicado por Carmen Prada

Estos días he tenido la oportunidad de compatibilizar la atención debida a mi trabajo con la posibilidad de estar cerca del mar, el cual me apasiona y relaja, y puedo dar fe de que cuando uno ama lo que hace, no le supone ningún sacrificio meter en la maleta junto al bikini el ordenador, la libreta y la agenda.

He podido profundizar en inquietudes, pensamientos, preocupaciones… de algunas personas, las cuales han sido una fuente de información e inspiración que agradezco muy sinceramente.

En concreto me quiero centrar en una en especial, una mujer que conozco desde hace un año, y que cuando se trata con ella es fácil intuir lo mucho que puede dar y ofrecer a los demás. He tenido la gran suerte de poder charlar con ella largos ratos de temas variados, siempre interesantes y muy humanos.

Os pongo en situación, regenta junto a su familia un hostal, que en Galicia están denominados pensiones –algo que también ella me aclaró- , se le ve la cabeza pensante, pendiente de todo, y lo que sí confiesa es que es muy perfeccionista, maneja la cocina como pocas personas, sabiendo sacar partido a los ingredientes de manera que siempre se disfruta de sus exquisitos platos sin necesidad de sofisticaciones, pues su esencia es la comida casera aderezada de cariño y sapiencia. La cocina es un espacio en el que se mueve como pez en el agua.

En una de esas conversaciones surgieron preguntas realizadas por mí, y en este caso sin buscar respuestas concretas, pero realmente me volvió a sorprender. Mi lectura entre líneas da para mucho, e intento trabajarla y explotarla al máximo, es algo que me ha caído del cielo y lo siento como un regalo.

Hablando sobre todo del trabajo, le pregunté si le gusta la cocina, ya que dado el resultado de todo lo que sale de sus manos… A lo que ella con mucha humildad y sinceridad me confesó: “Carmen, cuando algo que te gustaba con los años se vuelve una obligación, llega un momento en el que ya dejas de disfrutar del mismo modo”.

En ese mismo momento para mis adentros pensé, uuufff, tema muy importante, ya que tendemos a tratar de lo bien que se siente uno cuando ama, disfruta, se apasiona con lo que hace, pero no del caso contrario. Del mismo modo que yo he reflexionado acerca de la respuesta que me dio, os dejo la pelota en el tejado y os pregunto, ¿qué os dice su respuesta?

Seguramente son muchas las personas que se sienten identificadas con esa situación. A todos los que lleváis años en el mismo puesto de trabajo, a los que vuestro oficio os resulta rutinario, a los que ya lo hacéis de manera mecánica, casi como autómatas, a todos los que su ocupación laboral no le reporta ninguna inspiración o aspiración, me voy a atrever a hacer las siguientes preguntas, preguntas que todos nos deberíamos hacer, sea cual sea nuestra situación:

  • ¿por qué se llega a ese punto?
  • ¿Puede haber remedio a esa situación?
  • ¿Cómo encontrar la motivación cuando se ha perdido?
  • ¿El trabajo se sigue haciendo con tanta profesionalidad como al principio?

Me encontré con todas estas preguntas de golpe y me dije que esta vez quiero, si es posible, que a todas ellas le dé respuesta alguien que lo esté sufriendo.

No pude evitar en la siguiente conversación comentarle que esa frase me había hecho reflexionar mucho acerca del tema, y si era posible me gustaría mucho que ella misma diera respuesta a unas preguntas, y sin saber aun cuáles eran,  en seguida me dijo “será un placer, Carmen”, cosa que le agradeceré siempre. Voy a enumerar sus respuestas, según el orden de las preguntas anteriores y de manera textual:

  • “todo se vuelve muy mecánico y monótono, es una situación que llega a provocar mucho sacrificio, dejas a un lado tu vida personal y renuncias a muchas cosas de las que antes disfrutabas”.
  • “Sí, dedicándose más tiempo y cuidados a una misma. Saliendo así de la rutina”.
  • “No sigues del mismo modo motivado, no encuentro motivos”.
  • “Yo sí lo intento y creo que sí”.

Tengo que apuntar a esta última respuesta, que no es que lo haga bien, es que lo hace estupendamente.

Al finalizar este cuestionario, me confesó: “Carmen, jamás me había cuestionado ninguna de estas preguntas”. Acto seguido me comentó que después del verano iba a hacer algún cambio, por pequeño que fuese, con respecto al modo de gestionar este tema.

Llego a la misma conclusión a la que he llegado tantas y tantas veces, ¿por qué no nos cuestionamos lo que vivimos?, ¿cómo lo vivimos?, ¿por qué estamos o llegamos a determinadas situaciones?, ¿qué cambiaríamos en nuestras vidas? Y una vital y quizá la más importante, ¿nos queremos lo suficiente como para dar lo mejor de nosotros a los demás?

Confieso que os dejo demasiados deberes en esta ocasión, pero del mismo modo que he dejado estas reflexiones en el aire, me las he cuestionado yo personalmente.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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