Ana y sus pies descalzos (3ª Parte)

woman-882337_1920

 

Relato publicado por Carmen Prada

Esa tarde en la playa, Ana se dio cuenta de lo que su madre le quería trasmitir. Probablemente su madre tuviese razón, y realmente echaba en falta los zapatos solo cuando sentía dolor al caminar. Es cierto que con el paso de los años sus pies se fueron haciendo más fuertes, su piel se endureció y eso la fortaleció ante las dificultades de la vida.

Su vida no sería un camino de rosas, pero se había preparado para hacer este pedregoso recorrido. En muchas ocasiones extendió su mano a gente que se la pedía, pero otras falló a gente que contaba con ella, pero siempre supo pedir perdón, pues era humilde para asumir sus errores y limitaciones.

Un día, caminando por la calle, un niño con aspecto descuidado y sucio, y curiosamente descalzo, se acercó a ella y le pidió que le comprase algo, ya que llevaba todo el día sin comer. Ana estaba perpleja y no dejaba de mirar los pies del pequeño. Le preguntó por sus padres, y él le confesó que vivía con su hermana, que contaba con tan solo 17 años, sus padres los habían abandonado. Ana no daba crédito. Toda su vida se le vino en cuestión de segundos a la cabeza, y después de todo lo pasado, se sintió una privilegiada, pues aunque sabía por propia experiencia lo que es estar descalza en la calle, a ella nunca le había faltado un techo ni comida en la mesa de su hogar.

¡Ya lo entendía todo, ya sabía cuál era su misión! Pidió ayuda a uno de los sacerdotes del pueblo, con quien  a menudo hablaba, y le dijo claramente: “Padre, dígame por favor cuál es el camino para poder irme a uno de esos países en los que los niños no tienen más que un trozo de pan duro y apenas tienen ropa.”

Ese día comenzó una etapa decisiva en la vida de Ana. Un tiempo de discernimiento, formación y maduración de una vocación que la llevó en unos pocos años de su Asturias natal a diferentes lugares del llamado Tercer Mundo, desarrollando durante toda su vida la fecunda tarea de llevar a los más pobres de la Tierra su sonrisa permanente, su ayuda gratuita y desinteresada, los conocimientos adquiridos y los valores más nobles del alma humana.

Su vida fue un acto de entrega a los demás. Una vida plena de sentido y feliz.

 

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

SI TE GUSTAN MIS ESCRITOS NO DEJES DE COMPARTIRLOS, TODOS PONEMOS NUESTRO GRANITO DE ARENA.

 

 

Anuncios

3 comentarios en “Ana y sus pies descalzos (3ª Parte)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s