En cada momento, hay que hacer lo que toca

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Artículo publicado por Carmen Prada

Mi familia proviene de zona rural, con lo que estoy muy acostumbrada a comer productos elaborados en casa, buenos y sanos, porque tanto las verduras, patatas, huevos, carne de cordero, cerdo y pollo son fruto habitualmente del trabajo de mis padres y abuelos. Evidentemente, obtener estos alimentos requiere mucho sacrificio, horas, pasar calor, frío, inversión, y muchas veces saber que lo que estás alimentando o sembrando en un momento dado, no dará su fruto hasta pasado un tiempo, y también habrá algo que se pueda perder. Después de esto, con paciencia, solo queda esperar, pero con la satisfacción de haber hecho el trabajo. Y lo cierto es que espero como un chorro fresco de agua en esta época, todo hay que decirlo, el manjar de un tomate de casa… ¡Ya queda nada!

¿Y a qué viene esta confesión de la bendita procedencia de algunos de mis alimentos? A que como muchas cosas en la vida, hay que sembrar para recoger.

Hace escasos días estaba conversando con profesionales que confesaban según el sector al que se dedicaban, que el trabajo ha bajado en los últimos 3 meses. Les pregunté que a qué creían que podía ser debido. Algunos a los que le estaba afectando este mal, me apuntaron que quizá estuviese haciendo mella la incertidumbre política que nos acompaña desde hace meses en nuestro país, otros lo achacaban a que estos meses de verano se paraba todo mucho y la gente daba como continua respuesta “a la vuelta del verano”, también que las personas estaban pensando más en los gastos vacacionales…

Llegué entonces a la siguiente conclusión, se para el cliente, ¿me paro yo…?  Con lo que a continuación pregunté pensando que estas situaciones suceden repetidamente cada año y en prácticamente sectores determinados, ¿no hay plan B? ¿Nos paramos nosotros también? ¡No había respuesta!

¿Y por qué no lo dedicamos a la siembra? ¿Por qué no creamos necesidades? ¿Por qué no aprovechamos al mismo tiempo para hacer un repaso de los “deberes” que hemos dejado a medias? ¿No pensáis que la época de llamar a nuestras puertas ya pasó?

¡Está claro!

  • Siembra, vístete con el mejor mono de trabajo y sal a la calle, comenta entre tus amistades, habla con tus clientes potenciales y fidelizados y pídeles referencias, quizá sea el momento de acudir a reuniones con otros profesionales, pensar en colaboraciones, aprovechar el boca a boca. Si tenéis paciencia, llegará el fruto, ¡no lo dudéis!
  • Cread vosotros la necesidad al posible o ya cliente, ¿que no la tiene? ¡Mostrádsela! Si no tenéis desarrolladas las capacidades comerciales, pedid ayuda para formaros y hacerle ver al cliente, eso sí, siempre con honradez y honestidad, lo que le vendría bien y aun no os había solicitado. No dejéis que él sea consciente un buen día de la necesidad y para cubrirla acuda a otro lugar. Entonces, ¡no nos quejemos! Me da igual a lo que os dediquéis, ¡todos somos vendedores, no penséis que esto no va con vosotros!
  • Aprovechad el tiempo para repasar si la ruta de trabajo es la correcta, si estáis optimizando todos los recursos que hoy por hoy tenemos para hacer mejores y mayores nuestros negocios. Haced un repaso de “deberes y haberes”, llevad a cabo una estrategia de trabajo diferente, si queremos “plan B” y demás planes…
  • No esperéis a que os llamen, no tengáis la confianza en que el cliente va a devolver la confirmación que tiene pendiente. Todos somos clientes y con muchas cosas en nuestra cabeza, el recordárselo es cosa nuestra, si lo hacemos con profesionalidad no se tiene por qué molestar. El cliente de ahora está más informado pero no mejor, no dudéis que si el trabajo no lo hacemos nosotros, ya sabe sin moverse dónde debe acudir. Llamad su atención de algún modo, o incluso si ya es cliente, quizá es el momento de volver a hacerle una visita “de cortesía.”

¿Que no tenemos paciencia? ¿Que queremos el dinero rápido? ¿Es perder el tiempo en esta época? ¿Pensamos que no necesitamos plan B? ¿La recogida se nos hace larga?

Si como respuestas a estas preguntas obtenemos más Síes que Noes, ¡tenemos un grave problema! Y es que quizá te debas replantear si estás en condiciones de ser profesional o quizá tu papel encaje más en el de empleado.

Algo sí tengo claro, y es que para el que siembra y tiene paciencia para recoger, los frutos serán abundantes, y además el sabor de boca que va a dejar será de cosecha propia, y todo en casa sabe mejor…

Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino.

Charles Reade

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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