¿Libertad sin o con ira?

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Artículo publicado por Carmen Prada

Tema de gran relevancia y actualidad, el de la libertad de expresión. Hoy por hoy y de un modo demasiado recurrente, se reivindica la libertad de expresión como si fuera un absoluto, sin detenerse a reflexionar que cualquier forma de libertad ha de ser ejercida con responsabilidad, sensibilidad y respeto por la libertad y dignidad de los demás. Nada nuevo, pues es habitual que se nos llene la boca exigiendo derechos, pero no nos gusta que nos recuerden nuestros deberes. Y cuando, en cualquier orden de la vida, las cosas no están equilibradas, se producen excesos y abusos. Equilibrio, sin duda uno de los conceptos más importantes e ignorados por la sociedad posmoderna, más dada al capricho y al ombligocentrismo.

Os invito a reflexionar un poco sobre unas cuestiones que me inquietan. En vuestro día a día, en cualquier ámbito de la vida, viváis en Soria, Zaragoza, Alicante, Badajoz, Barcelona, Luarca, Astorga, te dediques a lo que te dediques, sea cual sea tu condición social… ¿Te sientes libre en la práctica de tu derecho a la libertad de expresión? ¿Te sientes libre de ejercerlo muy a menudo? ¿El modo de ejercerlo otras personas de tu entorno, muchas veces te hiere? ¿Eres de los que piensan que a veces se abusa de la calumnia e injuria apoyándose en la libertad de expresión? Podría seguir…

Qué curioso me resulta, cuando observo cómo esa supuesta libertad de expresión en muchas ocasiones es secundada por una masa de personas, personas que ofenden a otras con esa manera de ejercer su libertad de expresión, y que se esconden cobardemente en el anonimato de la multitud.

Se me ocurre cuando se hace burla de la orientación sexual de una persona, también cuando se ridiculiza a alguien por razón de su credo, de igual modo cuando se señala a un enfermo de VIH por su condición, cuando resulta hasta gracioso el ver una malformación física en una persona y nos burlamos de su aspecto, las palabras o desprecios que se dirigen a un mendigo, la acusación permanente a las personas que defienden sin ambages la vida humana, cuando se prejuzga y se margina a alguien por su procedencia o el color de su piel…Demasiados ejemplos, pero muchísimos menos de los que se podrían citar en la misma línea.

Muchos se consideran con derecho a la libertad de opinión para la calumnia, injuria, falta de respeto, humillación… hacia las personas que tienen otra condición.

Desde luego y sin lugar a duda, en mi opinión el derecho al honor está por encima de la libertad de expresión, siempre que ésta dañe al prójimo con injurias, calumnias y ultrajes hacia las personas o hacia las cosas que tienen un valor simbólico, sentimental e identitario para un determinado grupo. ¿De verdad es necesario herir a otros para reivindicar yo lo que creo justo?

Hay muchas cosas que no son ilegales, pero que no hacemos porque sabemos que no proceden, como ir disfrazado cuando no es Carnaval, o ir vestido totalmente de blanco a una boda siendo la madrina. Quedarse en lo que es legal o ilegal es una muestra de gran superficialidad, no renunciemos a ser un poco más profundos, que seguro que si queremos, lo podemos ser. Hay espacios y momentos para la reivindicación, pero no procede llevar ésta a cualquier espectáculo o ambiente. En un mitin de Rajoy, Sánchez, Rivera o Iglesias, nadie va con la bandera del Betis, de la Real Sociedad o del Rayo Vallecano, sería absurdo. Igualmente, no es procedente ir al estadio de fútbol con la bandera del PP, PSOE, o de cualquier otro grupo o ideología política. Si la mezcla de deporte y política sirviera para que en la política hubiera más deportividad, aun podría aceptarse. Pero la experiencia demuestra que esa mezcla es venenosa por naturaleza.

Os aseguro que el homosexual, el mendigo, el enfermo, el católico, no se sienten en la mayoría de las ocasiones con la fuerza de poder ejercer la libertad de opinión. Y repito, me da igual la ciudad, el pueblo, la bandera, el politiqueo… Simplemente soy una persona que se atreve a ejercer la libertad de opinión sin necesitar el respaldo de otra o una masa de personas para reivindicarme.

Reconozco que en mi día a día hay muchos momentos en los que no digo lo que pienso, no ejerzo mi derecho a expresarme, porque este hecho podría causar un daño innecesario a un tercero, o porque si lo hiciese, el daño me lo causarían a mí. Con lo que, ¡la libertad de expresión algunos la utilizan para un bien personal, lleven por delante a quien se lleven! Se me ocurren muchos calificativos para este tipo de personas, podría ejercer como ellos mi libertad de expresión o de opinión, pero no lo hago porque resulta innecesario, y además me colocaría a su misma altura.

Utilicemos la libertad de expresión para el bien común y con sensatez, recordemos que la vida tiene memoria, y que en algún momento tirar de hemeroteca nos puede poner colorados.

La persona cabal, madura y bien educada sabe que no todo lo permitido es oportuno.

La persona sensible sabe que la libertad de expresión ejercida con tacto nos hace más humanos.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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