La gota que colmó el vaso…

vaso

 

Por Carmen Prada

De repente algo trastoca nuestra rutina diaria, esas pequeñas costumbres de cada día que nos sumergen en nuestra aburrida monotonía, y es que un día sucede algo, que puede ser lo más insignificante del mundo, pero que hace que el vaso se desborde. Ese vaso que teníamos prácticamente lleno a falta de nada para colmarlo. Y nos damos cuenta que algo nos sucede.

Forzamos y estiramos nuestra cuerda, nos creemos todopoderosos, pensamos que llegaremos a todo y a todos, y de pronto y sin darnos cuenta, ese pequeño y minúsculo golpe que se curaría con una simple tirita nos lleva al quirófano.

Con toda seguridad sería más conveniente, sano, coherente, sensato… hacernos revisiones interiores periódicas para no llegar a esos extremos. La fortaleza física y mental de un ser humano muchas veces supera lo imaginable, pero también recibimos pequeños avisos cuando sentimos que algo no va bien, quizá nos damos cuenta que nuestra mente no funciona tan ágilmente como tiempo atrás, o nos cuesta levantarnos hasta cuando empieza un nuevo día. Entonces pensamos que es algo pasajero, que pronto volverá nuestra mejor versión, y nos colocamos un velo en los ojos para recurrir a las famosas frases como “es que no paro en todo el día”, “es el estrés”, “tengo demasiadas cosas en la cabeza”, “a ver si llega el fin de semana porque no puedo con el cuerpo…”

Nuestra mente es más precavida que nuestra voluntad,  y le manda señales a nuestro cuerpo, aunque previamente es nuestro interior, ahí donde reside nuestro yo más íntimo el que ya ha apretado el “timbre rojo”.

Evidentemente que hay que ser valiente, atrevido, autocrítico, por momentos egoísta, pero además de todo esto muy muy humilde para hacer un alto en el camino. Estoy segura que prácticamente todos nos hemos encontrado en esta tesitura, pero, ¿por qué siempre buscamos excusas para no hacer una parada y mirarnos por dentro? ¿Por qué no pensamos si el camino que llevamos es el que precisamente nos está minando las capacidades? ¿Qué es más importante, la salud física y mental o las facturas del mes que hay que pagar? ¿Nos preguntamos si disfrutamos con lo que hacemos, y lo vemos como nuestro prometedor futuro?… ¿O más bien lo que tememos encontrar es una respuesta que nos quiebre por dentro y esa posibilidad nos da terror? Puede que no seamos capaces de enfrentarnos a las pobrezas de nuestro interior sin ayuda, y debamos empezar a replantearnos todo esto desde la gran virtud, la puerta de la sabiduría por excelencia del ser humano, la humildad.

¿Nos duele encontrarnos con nuestras zonas más oscuras? ¡Claro que sí! Pero peor es no haberlas enfrentado y morir sin darnos la oportunidad de iluminarlas.

En mi caso, cuando siento estos “toques”, hago una parada en el camino, para mirarme dentro, hacerme preguntas y encontrar algunas respuestas, no las encuentro siempre todas, pero ¿quién sabe cuándo será la próxima? ¡Porque después de vivir una experiencia de este tipo, la vas a desear repetir! Mi vaso también se llena, como el tuyo. Te preguntarás, ¿cuáles son los pasos a seguir? Conozco los míos y quizá te puedan orientar; dejar a un lado cosas muy importantes para ti, armarte de humildad y pensar que si no estás bien conmigo mismo, no podrás dar lo mejor de ti a los demás, y para mí eso es vital.

Y os estaréis preguntando, ¿cuándo sientes el vaso al límite? Cuando lloras por cosas insignificantes y te preguntan y no tienes respuestas, cuando lo que hacías con ilusión hasta lo dejas de hacer, sientes que algo ligero como una pluma ahora notas que te pesa  demasiado, cuando la vitalidad y las fuerzas  no son las mismas, y necesitas la soledad más de la cuenta. Pero no nos confundamos, eso no significa que uno sea frágil o débil, sino que son demasiadas las cosas que llevas en la mochila y durante mucho tiempo. ¡Y esto nos sucede prácticamente a todos!

Las excusas son muy recurrentes, no necesitas irte de tu entorno si no puedes o no quieres, ni perderte en el Tíbet o en un paraje de ensueño, solo precisas momentos de soledad interior, silencio y más silencio para que te puedas escuchar, hacerte preguntas sin temor a las respuestas y llorar, seguro que lloras, porque no siempre es grato lo que uno encuentra cuando escarba en su mundo interior, ni darse cuenta del tiempo y oportunidades que tras perderse ya no volverán.

Un buen amigo dice que las personas somos demasiado emocionales y muy poco analíticas, y quizá tenga razón, pero también es cierto que echo de menos y mucho, más dosis de corazón en los demás y menos promesas incumplidas, olvidos, incoherencias, falsedades, disculpas que no se piden, abrazos que no se dan o llegan tarde, manos extendidas… Soy consciente y lágrimas me han caído por ello, que acostumbro a esperar peras del olmo, pero me resulta difícil evitar ser demasiado exigente conmigo misma, y por ello muchas veces soy mi peor enemiga. Ser tan exigente es una opción de vida, quizá la más dolorosa.

Si eres de las personas que das sin esperar, que extiendes tu mano sin que la pidan, si tu hombro siempre está dispuesto, no dejes de hacerlo. Pero no te asustes si sientes un día, quizá en breve, que el vaso se va a llenar… No tengas miedo, porque tú serás de esas personas que lo aceptarás con humildad.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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2 comentarios en “La gota que colmó el vaso…

  1. Lourdeslds dijo:

    Muy buena entrada, y si, aunque esté mal decirlo, porque me alabo a mí misma, pero lo pueden decir personas de mi entorno, tanto familiares como las que no, las que en alguna vez me he encontrado en el camino, soy de esas personas que dan sin esperar nada a cambio, sin que me lo pidan, sale de mí, por eso pienso muchas veces que este mundo no es para mí o yo no soy para este mundo, pues como bien dices, echo de menos esas promesas que no se cumplen, esas incoherencias, falsedades que no tienen sentido, aunque la falsedad de todas maneras no hay sentido para ellas.

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  2. Hola Lourdeslds, gracias por tus palabras.
    No debes temer hablar de tus virtudes, ya que hemos llegado a un punto en que pensamos que “está mal”, ya que escuchamos habitualmente sólo las críticas…
    Te entiendo más de lo que puedas pensar. Personas así, entregadas a los demás y por los demás, no debemos esperar nunca nada de lo que entregamos, lo que recibamos lo debemos acoger como un regalo inesperado.
    ¿Qué sucede si esperamos algo hoy por hoy? Excesiva frustración. ¡No te lo permitas!
    La satisfación personal es la mejor vivencia.
    No te dejes contagiar por las “mareas”.
    ¡Un saludo y a seguir entregando!

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