Por este oído me entra, y por el otro me sale

 

contra-la-globalizacion-de-la-indiferencia

 

Artículo publicado por Carmen Prada

Y vuelta a empezar. Así que nuestros representantes en el Congreso no se han puesto de acuerdo. Todas las voces autorizadas coinciden en señalar que estos meses de incertidumbre no han precisamente ayudado a nuestra economía, pues a muchos empresarios les ha entrado el vértigo por no saber qué iba a ocurrir, y muchas inversiones procedentes del exterior se han quedado en punto muerto, mientras que a sus señorías no les han congelado los sueldos, qué va, ni tampoco van a tener que asumir de su bolsillo ni un céntimo de la millonada que le va a costar a las arcas públicas la repetición de los comicios.

En 1268 murió el papa Clemente IV, y el cónclave que hubo a continuación  en la ciudad de Viterbo duró casi 3 años, el más largo de la historia. Como no había manera de que los cardenales se pusieran de acuerdo, y en aquel entonces eran solo 19, se les aisló en contra de su voluntad, se les racionó la dieta de pan y agua, y hasta se levantó el techo del palacio para que sus eminencias no estuvieran resguardados de la lluvia. Al final de todo este proceso, fue proclamado Gregorio X.

Los tiempos han cambiado, los procedimientos legales en nuestra democracia son los que son, de acuerdo, pero… ¿Os imagináis algo así en el Congreso de los Diputados? ¿Alguien duda de que habría entendimiento en pocas horas?

Quizá no haría falta llegar a ese extremo, seguramente bastaría con que nuestros responsables políticos asumieran en sus carnes el coste de lo que hemos vivido en estos meses y lo que aún está por venir.

No hay más sordo que el que no quiere oír, ni más ciego que el que no quiere ver, y más allá de ideologías y colores, habitualmente desteñidos, lo que es un hecho claro es que los líderes de los principales partidos políticos están dando un curso ya demasiado empalagoso de cómo no contribuir en absoluto a tener una comunicación fluida y constructiva. ¿Y de verdad en manos de estos individuos sí o sí tiene que quedar el gobierno de España? ¿Habríamos llegado a este punto si de verdad se procurara el bien común, y no la defensa a ultranza, por parte de unos y otros, de los propios intereses?

Que nadie se soliviante, en realidad no es de política ni de religión de lo que quiero hablar, pero esta anécdota medieval y la actual coyuntura que vivimos en España me sirven para introducir el tema que me ocupa, la calidad –o falta de ella- en la comunicación.

La profesión de periodista, que en mi opinión es de las más nobles, se ve continuamente amenazada por todo tipo de intereses corporativos, ideológicos y lucrativos, y cada vez es más complicado tener acceso a una información veraz, contrastada y no sesgada de forma sectaria, y muchas veces hasta grotesca.

En los planes de estudio tiende a desaparecer la Filosofía, y no escucho a los padres quejarse de que a sus hijos se les prive de profundizar en conceptos vitales como la libertad, la verdad y la ética, necesarios para alcanzar una existencia plena en la que estén  engarzados y equilibrados entre sí, y no desgajados, desfigurados, o sencillamente ignorados.

También es muy preocupante lo mal que se trata a nuestro idioma, patrimonio de todos y que nos identifica, en las conversaciones orales cotidianas, y no digamos en las redes sociales. Muchos no se dan cuenta de que una mala escritura es, además de un obstáculo comunicativo, algo que daña y mucho la imagen de quien la practica.

Es responsabilidad personal de cada uno de nosotros resistirse a ser tratado como mera mercancía, pues somos personas, seres pensantes, y aunque nos quieran reducir a simples consumidores sumisos y anestesiados, también es verdad que cada vez son más los medios existentes para que la verdad de las cosas salga a la luz, para que los ciudadanos se rebelen pacífica y constructivamente, y para que las personas se asocien o colaboren en pro de cualquiera de las muchas causas que merecen la pena.

Pero deberíamos ser más cuidadosos en hacer que nuestras comunicaciones, sean en la forma o en el medio que sean, reflejen con mayor precisión, belleza y fidelidad la verdad que queremos transmitir, pues no solo contribuiremos a evitar malentendidos, por lo que nos comprenderán mejor y nuestro mensaje tendrá más probabilidades de llegar a buen puerto, sino que la imagen que proyectaremos de nosotros mismos será también mucho mejor. Y, si esto es importante en el aspecto personal, mucho más aun en el profesional.

Pero habitualmente donde quizá más fallamos no es en el hablar o escribir, que también, sino en la primera acción necesaria para una comunicación fluida y eficaz, la escucha. Con qué facilidad caemos en el error de sustituir la escucha atenta, activa, interesada, respetuosa, por una actitud que nos lleva a simplemente oír sin escuchar, atropellar en vez de dejar hablar, o en el mejor de los casos esperar a que el otro acabe para soltar nosotros nuestro rollo, sin darnos la oportunidad de siquiera reflexionar un momento sobre lo que nos han querido decir.

No es casualidad, sino un fiel reflejo de la trágica situación de la comunicación en nuestra sociedad, que programas de tertulia en donde los participantes se pisan el turno continuamente, y compiten entre ellos por ver quién chilla más fuerte por encima del resto de voces, tengan importantes audiencias. Y da igual que la tertulia sea de cotilleos del corazón, de política o de fútbol. El panorama es similar. Y que un programa como Lágrimas en la lluvia, con deliciosas tertulias en las que siempre participaban cuatro primeros espadas del tema a tratar, y que ilustraban además de entretener, con educación y elegancia, cada uno aportando su punto de vista especializado, no haya podido tener continuidad en la pequeña pantalla.

Siempre insisto en el valor de la humildad, pues creo que es fundamental para caminar por la vida, en cualquier ámbito o circunstancia. Y seguramente nuestra incapacidad para escuchar atentamente al otro, se debe en parte al hecho de que no terminamos de creer que de cualquiera tenemos mucho que aprender, pensamos que lo sabemos todo, que nuestra verdad es la que vale, que lo importante es que nos escuchen a nosotros.

                          Nada es tan fácil ni tan útil como escuchar mucho.

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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