Las estrellas brillan por ti, mamá

mama

 

 

Por Carmen Prada

Hoy es uno de esos días del año que debe ser celebrado de forma especial, aunque todos y cada uno de los días son un regalo que conviene apreciar y agradecer. En este 2016 coincide la celebración del Día de la Madre con la del Día del Trabajador. Con los tiempos que corren, ¿no celebramos ambas cosas cada día? Aun así, haré un humilde homenaje a la mujer más importante que hay en mi vida, con estas sentidas y merecidas palabras, esa mujer es mi madre.

Soy la primogénita de 3 hermanas, su experiencia como madre comenzó conmigo y os aseguro que no se lo puse fácil… En poco más de un año repitió la experiencia, y ya cuando prácticamente no se esperaba, llegó la que aun ahora con 30 años seguimos llamando “la niña”. A todas nos criaron con los mismos valores y principios, y digo esto porque desde bien temprano nos hicieron ver que las cosas para conseguirlas precisan de mucho esfuerzo, pero también de cariño.

Mi madre nunca nos dejó en manos de nadie para que nos educara, se sacrificó en muchas ocasiones como mujer y trabajadora para educar y estar al lado de sus hijas, ella siempre ha dicho y lo comentamos en muchas ocasiones que una de las cosas de las que en su vida se siente más orgullosa es que sus hijas se criaron junto a ella, en buena parte porque ni ella ni mi padre se criaron con mis abuelos, y siempre han llevado en el corazón cierto pesar por ello.

Cuando fuimos creciendo empezó a trabajar, y siguió dándonos lecciones… Recuerdo y no lo olvidaré nunca, escuchar la puerta de casa a las  5 de la madrugada porque mi madre se iba a trabajar, llegaba al mediodía, y después de dos horas de descanso reanudaba la jornada. Vi a mi madre con las manos envueltas en durezas, estropeadas, con los huesos y la espalda dañados, con déficit de horas de sueño, agotada… Pero veía una madre orgullosa de su sacrificio, porque sabía que tendría su recompensa.

El nivel cultural de mis padres es muy básico, pero de lo que no carecen es de “sabiduría de la vida,” pues siempre han sabido salir adelante y superar las dificultades, que no han faltado. Ya lo dice el refranero, “enseña más la necesidad que la universidad.” Nunca han tenido que insistirnos en lo necesario que es el sacrificio y el esfuerzo, pues se han pasado toda la vida mostrándonos con hechos lo que significan esos conceptos, así como los de dedicación y entrega, y sobre todo lo que es la honradez y la humildad.

La figura de mi madre en nuestras vidas nos ha servido para saber que los valores y los sueños no se compran con títulos, sino que hay que luchar por lo que uno sueña, ser conscientes que en la vida el sacrificio te lleva a la recompensa de un modo u otro, que la honradez debe ser tu carta de presentación y que la humildad te abre muchas puertas.

Las tres hermanas hemos sido criadas de igual modo, todas hemos estudiado lo que nos gustaba, y siempre gracias a Dios y a lo que hemos visto en casa hemos tenido trabajo, hemos sido conscientes de que para tener algo hay que poder pagarlo, que para darte un capricho, te lo has tenido que ganar, que el conformismo no forma parte de nuestros genes, y que la familia es el pilar básico en nuestras vidas.

Recuerdo que cuando tan solo era una adolescente y no tenía claro qué quería estudiar, siempre decía lo mismo cuando surgía la pregunta, “¿qué quieres ser de mayor?” Yo lo tenía claro y contestaba siempre lo mismo, “¡como mi madre!” Cuando dejé de ser una jovencita y a madurar como mujer, siempre me repetí lo mismo, “si algún día soy madre solo deseo ser como fue la mía.” Por circunstancias inesperadas de la vida no tengo hijos, pero si los tuviera lo tendría muy fácil para saber cómo educarlos teniendo presente la figura y el ejemplo de mi madre.

Ella es para mí un referente en muchos aspectos, es la única, la mejor, la que no falla, la que siempre ha estado, la que nunca jamás me ha soltado de la mano, la que intuye sin necesidad de escuchar palabras, ella lo da todo sin pedir nada a cambio, esa mujer que me ha demostrado que la vida va más allá del dolor y el sufrimiento, la que me ha hecho ver la luz cuando solo percibía oscuridad, capaz de hacerme creer en mí, esa persona que me da todo simplemente al escuchar su voz al otro lado del teléfono, es ella… ¡Es mi madre!

Siempre me repito diciendo que una madre es madre toda la vida. No hay un momento o una edad en la que deje de ejercer como tal. Las madres están cuando las necesitamos, pero otras muchas veces no olvidemos que ellas precisan de nosotros. Hagámonos esta pregunta, ¿estamos siempre cuándo nos necesitan?

Mi madre es única, aunque suene a tópico, y lo único que pido es que la vida nos regale muchos años para poder seguir compartiendo momentos y experiencias. Aunque te lo digo muy a menudo, ¡te quiero madre, te quiero mamá!

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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2 comentarios en “Las estrellas brillan por ti, mamá

  1. Mary dijo:

    Muy bien explicado Carmen. Estoy segura porque la conozco que es tal cual lo resumes y que su mayor orgullo es ver que sus hijas aprovecharon su ejemplo.

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    • Muchas gracias Mary por tus palabras, que además sé vienen del corazón. Tú como madre, tambien eres un tesoro, un tesoro y muy valioso. No pierdas nunca esa garra, fuerza, entrega… Pero además, sigue haciéndolo como sabes, disfrutando en el camino…
      ¡Un beso enorme!

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