Bailando bajo la lluvia

paraguas bajo la lluvia

 

Por Carmen Prada

Hoy, que es el Día del Libro, quiero traer a mi blog el artículo con el que “debuté” en esta práctica que ya es costumbre, y desde entonces mi decisión de plasmar por escrito vivencias e inquietudes, se ha convertido en una placentera necesidad, además de una manera emocionante de conocer a otras personas.

 

Una ola de calor como la que está viviendo el país no acontecía desde el año 2003. Son muchas las provincias de España que están alcanzado temperaturas récord, como por ejemplo Zaragoza hasta 44° o Lérida con 43°. Quizás la zona noroeste es la que menos sufre estas altísimas temperaturas.

Sin embargo, en Ponferrada, donde resido, se ha registrado la temperatura inédita de 38°.

Estoy segura que en cualquier punto del país, es mucha la gente que ha pensado en ese dicho, – eso sí, cambiando los meses – , de  “esperando unas gotas como agua de julio…”. Cierto es, que nunca estamos contentos con lo que tenemos, y ya nos quedan lejos las lamentaciones de los últimos veranos con abundantes tormentas y lluvias, incluso frío y granizadas.

A finales de la pasada semana y después de ser ésta larga y dura, una de las tardes me fui a descansar y huir de la rutina a una zona de baño.  Se presumía una tarde más de asfixiante bochorno, cuando el cielo en breves momentos se cubrió, y de repente, para mi sorpresa… ¡¡¡ el milagro se hizo!!!

Eran gotas grandes y refrescantes,  que empecé a sentir por todo mi cuerpo, que segundos antes estaba expuesto al sol, y en esos momentos toda la rutina, el estrés y el agotamiento desaparecieron, llegando a disfrutar del acontecimiento hasta tal punto, que no me retiré a resguardarme. Me apetecía, deseaba que el agua recorriese mi piel y me sentía bailando bajo la lluvia.

Más tarde, pasado ese momento que duró unos minutos, pensé en lo poco que necesitamos  para gozar de pequeños instantes de felicidad, plenitud, relajación… y que éstos no tienen precio material.

Fui feliz por unos minutos, con unas gotas de agua que llevaba anhelando semanas pero, ¿realmente cuántos momentos al día tenemos en los que sin ser conscientes gozamos de un instante de felicidad? Y son por cosas tan simples como un beso, una palabra, una caricia, una melodía, un abrazo, un olor, un sabor… Y quizá no nos damos cuenta porque hemos llegado a un punto de materialismo en el que LO QUE NO SE PAGA CON DINERO NO TIENE VALOR.

Son infinitas las experiencias y sensaciones que podemos descubrir y disfrutar GRATUITAMENTE.

La felicidad no consiste en obtener lo que deseas, sino en saber apreciar lo que ya tienes.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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