No te equivoques, el balón sigue rodando…

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Artículo publicado por Carmen Prada

Confieso que soy futbolera, y acudir a animar a la  S.D. Ponferradina es una de mis aficiones preferidas, pero dejando a un lado forofismos, la figura de un equipo de fútbol es por muchos motivos un referente como ejemplo en temas de motivación, liderazgo, trabajo en grupo… Pero en esta ocasión me voy a centrar en un tema de actualidad, tan presente en los medios de comunicación, que seguramente hasta los que no siguen la actualidad balompédica estén al tanto de lo que acontece al respecto.

Hace aproximadamente 2 semanas y media, la Liga española de fútbol prácticamente ya tenía un vencedor, y digo prácticamente porque multitud de “expertos”, amén de la mayoría de los aficionados, la daban por sentenciada, cuando matemáticamente la realidad era otra. Era frecuente escuchar manifestaciones llenas de euforia y autocomplacencia, de boca de dirigentes, jugadores e hinchas del equipo que lideraba la tabla clasificatoria con un amplio margen de puntos sobre sus más inmediatos perseguidores.

A día de hoy, todo el mundo dice que “hay liga”, aunque el equipo que encabeza la tabla no ha variado, y depende de sí mismo para ser campeón, pero en los últimos partidos las cosas han ido de mal en peor, y muchos parece que se acaban de enterar de que la guerra no se gana hasta que se ganan todas las batallas. Realmente, nunca se debe dar nada por hecho, hasta que obtienes tu objetivo y premio, porque si te adelantas y las cosas no salen como se vaticinaba, llega la ansiedad, frustración, culpabilidad…

No deseo confundir a nadie, no es el fútbol el tema concreto del que quiero hablar, pero me sirve para explicar lo que pretendo, y también recurro a una figura con nombre y apellido, Luis-Enrique Martínez, entrenador del equipo referido, para plasmar la reflexión que me hice tras su lamentable y grosera comparecencia de prensa posterior a la última derrota de su equipo.

Nunca dudé de su valor como jugador, eso sí, con un carácter particular –que no pocas veces deriva en mala educación-, ni tampoco de su capacidad como entrenador, que la tiene más que demostrada…, ahora de lo que sí dudo es de su capacidad para poner en práctica con humildad la autocrítica.

Todos los problemas derivados de una derrota vienen precedidos de errores, errores que cada uno debemos analizar de modo individual y colectivo, y buscar en nuestro interior. Cuando son bastantes las personas que te plantean falta de rendimiento, compromiso por parte de algún miembro de tu equipo, declive de resultados, una línea descendente de actitud en general… ¡Debemos meditar al respecto!

Si los malos resultados llegan de repente y de manera continuada, un verdadero y responsable líder, debe hacer de la autocrítica su punto personal de inflexión, y no como una acusación o reproche, ya que si es así, denota bastante falta de profesionalidad y humildad al respecto.

No reflexionar acerca de los errores que cometemos, o peor aun, no reconocer que cometemos errores, es uno de los errores más comunes, y es llegado este punto en el que nuestra falta de perspectiva u objetividad nos puede pasar factura, y como no logremos hacer un esfuerzo por analizar nuestro interior, no lograremos nunca identificar los problemas que están impidiendo alcanzar los objetivos que nos hemos marcado.

El hecho de cometer errores es el mejor medio para saber dónde fallamos, pero eso sí, acompañado de una crítica. Una posible deficiencia en la planificación, errores en nuestra ejecución o errores a la hora de hacer elecciones. Puede que el error sea no prever que hay cosas que pueden salir mal, no haber trabajado un plan de reacción, y si no reconocemos nuestras propias torpezas, se avecina una cadena de malos acontecimientos.

No ser autocrítico con uno mismo hace que los demás no sientan deseos de hacer críticas constructivas sobre nosotros, con lo que al final lo que logramos es dar impresión de soberbia, altanería y por momentos perder los papeles…

Las opiniones, aunque no siempre sean correctas, siempre deberían ser bienvenidas, porque ayudan a reflexionar.

No solo estás mostrando una imagen al exterior, sino que el equipo que tienes a tu cargo, se contagia del mismo mal que padece su líder. Llegado este punto me cuestiono lo siguiente, ¿esta actitud es propia de un líder? ¡Sinceramente, creo que no! De algún modo, esa falta de mirada interior se transmite a su equipo y realmente pueden llegar a pensar que los problemas son por circunstancias puntuales, incluso ajenas, y que todo volverá a su lugar sin hacer nada diferente.

Un equipo de trabajo mira a su líder, se refleja en él, es su ejemplo, le siguen o debería lograrlo, ven en él el equilibrio, la sensatez, la honestidad, humildad… Y si eso se pierde o no se cultiva, ¡el líder dejará de tener esa ascendencia!

Cuando uno de los integrantes de tu equipo de trabajo practica la autocrítica, saca la cara cuando otros la esconden… denota su buen querer hacer, siente su profesión con pasión y es el primero en comenzar a enumerar errores, ¿quién adquiere la figura de líder en este caso? ¿Quién ha dejado de tenerla?

La autocrítica además de ser indispensable en todas las facetas de nuestra vida, nos aporta realismo y posibilidad de crecimiento.

Pero conviene no confundir la autocrítica, que ha de iluminar a los miembros del equipo, con la falsa asunción de responsabilidad. Oír decir a un entrenador “el 100% de la culpa es mía”, me provoca la risa floja, porque eso no se lo cree ni él, y queriendo quedar bien, la termina de rematar. En primer lugar, no se trata de culpar, sino de asumir  todos y cada uno su parte de responsabilidad y también su parte en la labor de mejorar las cosas desde ya. En segundo lugar, ¿qué madurez y responsabilidad cabe esperar de unos profesionales a quienes se exime de dicha responsabilidad, algo que nadie en su sano juicio haría con sus hijos adolescentes porque sabido es que eso solo puede ayudar a que sean unos eternos inmaduros e irresponsables? Un líder no exime totalmente de responsabilidad ni carga las tintas contra nadie, un líder aporta luz, hace sentir sin acritud a cada cual su propia parte de responsabilidad, empezando por él mismo, claro, pero moviendo a cada miembro a dar lo mejor de sí mismo, poniendo al servicio del colectivo las potencialidades individuales.

Realmente, en este caso es indiferente el club de fútbol o el entrenador del que haya hablado en estas líneas, pero si me he atrevido, es porque he analizado los hechos y la actitud del supuesto “líder”, y muchas veces se aprende mucho de quien te enseña lo que no hay que hacer. Merece la pena analizar este caso puntual, ya que es un reflejo de lo que puede suceder en cualquier empresa.

Sigo creyendo que el éxito se construye con mucho esfuerzo y trabajo, y mucha, mucha autocrítica. Pero nunca habrá autocrítica si no hay previamente humildad, que como decía Santa Teresa de Ávila, es “caminar en la verdad”.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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