Levántate, juega, lucha y vencerás

 

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Artículo publicado por Carmen Prada

Son muchos los momentos en los que pensamos que no podemos más, que hasta aquí llegan nuestras fuerzas, que nos sentimos agotados, derrotados… Pero, ¿alguna vez nos hemos planteado que quizá esas derrotas cargadas de dolor pueden ser preludio de triunfos?

En numerosas ocasiones nos preguntamos, ¿de dónde he sacado las fuerzas? Pues por unas razones u otras según el momento, a veces de donde no hay explicación. Cuando nos encontramos con una enfermedad, estamos pasando por problemas emocionales, en situaciones de dificultad económica, fallece un ser querido, sufrimos una decepción personal… Es entonces cuando en medio de todas ellas aparece la oscuridad, no encontramos el camino, el motivo por el que seguir adelante y pensamos, ¿para qué? ¿Hasta cuándo?…  ¡Por todo y para siempre!

Una enfermedad nos puede hacer fuertes, muchas veces une lazos rotos, marca un antes y un después en la familia, hace que valoremos cada día que se nos regala porque antes creíamos que teníamos derecho a él, anteponemos valores que anteriormente pasaban desapercibidos para nosotros… ¡Necesitamos aferrarnos a la vida!

Cuando nuestro compañero de viaje es un problema emocional, empezamos a pronunciar palabras que no dijimos a tiempo, buscamos compañías y amistades verdaderas, necesitamos cariño y cuando éste se nos da lo valoramos, aprendemos de lo que no hicimos a tiempo… Y todo, ¡porque seguimos creyendo en el amor! No digas que no existe, ya que cuando nos falta, no sabemos vivir. ¡El amor se manifiesta cuando menos lo esperamos, y eso es lo bello!

Las dificultades económicas son las que mejor memoria tienen. Cuanto las tenemos, recordamos los momentos de bonanza por los que hemos pasado, pensamos en lo que no tenemos y lo que daríamos por ello cuando antes ni lo valorábamos, en todo lo que teníamos sin necesitarlo… Pero, ¿a quién no se le ha venido a la cabeza eso de “ahora con poco sería feliz.” Y es entonces cuando la dificultad te hace ser más noble, humilde de corazón y generoso aun teniendo poco. Te hace darlo y valorarlo todo, recordando que el dinero, los bienes materiales… tampoco dan la felicidad. La honradez, la sencillez y la bondad son bienes que no se compran con dinero, y si tú quieres siempre los puedes tener. ¡Siéntete afortunado por ello!

Cuando un ser querido se ha ido de este mundo, llegamos a pensar, ¿qué hacemos nosotros aquí, sin él? Y es que nada cobra sentido o eso creemos. Pero llega un momento en el que nos damos cuenta que es demasiada la gente que necesita de nuestra presencia, de nuestras palabras en momentos de angustia, de nuestra sonrisa, porque la vida se ha de seguir viviendo, sentimos con dolor que ese ser querido se ha ido, pero también tenemos alegría cuando otros llegan… Y todo porque, ¡seguimos celebrando la vida!

Cuando un amigo nos falla, cuando el trabajo en el que habíamos puesto nuestras ilusiones no resulta, cuando un ser querido nos da la espalda, cuando ponemos la mejilla antes incluso de recibir el bofetón, cuando damos sin esperar nada a cambio, cuando apostamos por la honradez y solo encontramos falsedad, cuando un día más no encontramos nuestro camino… llegamos casi a perder la esperanza, porque las numerosas heridas en las rodillas nos lastiman, las piernas nos fallan, los ojos nos duelen de tanto llanto, pero de repente cada día hay algo, un instante, un momento, una nueva compañía, una ilusión que renace, encuentras a alguien que te acompaña en esa pena, y te vienen a la cabeza esas personas que están peor y siguen, te das cuenta que soñar es gratis… y empiezas a ver con mejores ojos las caídas, los baches, las piedras en el camino, y todo porque aunque caigas un millón de veces, volverás a levantarte, porque no podemos renunciar a seguir caminando por la vida.

¿Quién te ha dicho que el sufrimiento no puede venir acompañado de alegrías paralelas?

En estos días me ha venido a la cabeza uno de los días que fuí al cine con mi esposo a ver una película, semanas atrás. Ese día estábamos cuatro personas en la sala, pero no me extraña en absoluto. La película seguramente no vaya a ganar ningún premio en Hollywood, no sobresale por los efectos especiales millonarios, tampoco existen escenas paranormales, ni los amores imposibles revestidos de rosa palo… Eso sí, está cargada de dones tan preciados como la humildad, la sencillez, la honradez, el amor eterno y la generosidad… (Y sinceramente, en cada uno de ellos estamos bajo mínimos.) El título de la película era Francisco: El padre Jorge, (si tenéis la oportunidad, os animo a que no dejéis de verla, independientemente de vuestro credo.)

En una de las escenas, el Padre Jorge, siendo aun Arzobispo de Buenos Aires, estaba en un hospital en el que se trataba a niños enfermos, a los cuales él tenía por costumbre limpiar los pies. Cuando el Padre Jorge se arrodilló para limpiar los pies del niño más enfermo, éste le preguntó acerca de la muerte. Él se levantó y mirando a todos les dijo: “pensemos que estamos jugando un partido de fútbol, que debemos luchar por el balón, buscarlo, pues solo si lo tenemos podemos ganar, y si en medio del partido nos sentimos agotados, no dudemos en retirarnos al banquillo e intentar recobrar las fuerzas, y cuando lo hayamos hecho, sin demora, de nuevo a luchar por el balón…” Los niños lo entendieron y sonrieron.

Piensa en tu pasión, en tu sueño y haz todo lo posible para que tu vida gire en torno a ello, y no dejes de luchar hasta lograrlo, porque en medio de ese camino duro, difícil y tortuoso, te encontrarás de frente con la felicidad, y sin duda, ésta merece la pena…

 

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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