Liderazgo genuino, no una burda imitación

Artículo publicado por Carmen Prada

He colgado en una red social, la más profesional que conozco, el siguiente post…

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 Me complace el número de personas que ha corroborado el contenido del mismo, sin dejar de compartirlo, muy importante.

Este post no es obra mía, pero la frase la suelo utilizar mucho, y curiosamente antes de encontrarlo en la red.

Con la grandeza del ser humano, su humildad, honradez, sinceridad, implicación, entrega… se alcanzan muchos reconocimientos que no se pagan con dinero.

Lo cierto es que esta frase la podríamos aplicar en cualquier ámbito de nuestra vida, pero realmente cuando miras tu entorno laboral y profesional, te das cuenta que es difícil que los “grandes seres humanos” sean reconocidos a la hora de entregar  medallas. A veces pienso que son personas que por momentos y dependiendo del entorno en el que se muevan, incomodan al resto. Y el resto, es simplemente “el resto”.

¿Cuántas veces he escuchado que en los negocios no hay que tener escrúpulos? ¡Demasiadas, y así nos va! Hay empresarios que apuestan por esta frase sin reservas, para cubrir puestos de responsabilidad pensando que cuanto más frío, distante, autoritario, escaso en principios… sea el perfil de esa persona, mejor va a funcionar y menos le va a tocar las narices. Y es que realmente, lo ven como una garantía para llevar a cargo tal encomienda.

Discúlpenme, pero para ser un líder hace falta estar dotado y además firmemente, de unos principios básicos y humanos, para de este modo tener la capacidad de hablar y tratar con personas. La figura del líder es fácilmente demostrable  en personas con valores tales como;

  • Ser un ejemplo a seguir, sensatez y coherencia en sus acciones diarias.
  • Conocer las debilidades de sus subordinados y saber trabajarlas, al igual que potenciar sus virtudes. Conocer a cada persona de forma concreta es fundamental y posibilita la empatía.
  • Seguir aprendiendo. No nos equivoquemos, nadie lo sabe todo, y de todos aprendemos. Eso también se trasmite, la humildad, el hambre de conocimiento, el inconformismo.
  • Ser “camaleónico”, saber adaptarse a los cambios y a los nuevos tiempos.
  • Marcarse unos objetivos, valorando y teniendo en cuenta a tiempo real de lo que dispone para ello, de lo que durante el camino hacia ellos se puede necesitar y disponer, y que esto no le haga bajar el listón.
  • Indiscutiblemente tener valores, valores que sea capaz de trasmitir, y entre los más importantes, la honradez, sensatez, integridad o en su conjunto, tener “ética”.
  • La capacidad de comunicar. Claridad y sencillez.
  • Pensar y actuar en positivo además de ser apasionado con lo que hace. Ser coherente y consecuente con estas perspectivas. Hacer ver al resto este optimismo vital y tener la capacidad de contagiarlo. Un líder ha de motivar, estimular a su entorno.
  • Y sin duda, tener una inteligencia emocional a flor de piel. Un buen líder trabaja con personas, ha de preocuparse por las personas que le siguen, respetando la intimidad de cada cual pero a la vez mostrándose cercano, desprendiendo confianza.

Soy de las que tengo muy claro que el buen líder es un gestor de personas – y de egos – que debe ser capaz de hacer mejor a los que tiene a su alrededor, y además lograr que ese equipo de personas, siempre y en todo momento remen en el mismo sentido. Debe ganarse a las personas, y no precisamente dando golpes en una mesa, faltando al respeto, mirando por encima del hombro y saltando los charcos sin tocar el barro…

Hay que dar ejemplo, trabajar como el que más, afrontar las dificultades sin miedos, romperse muchas veces la cara por su equipo, ser el primero en apostar, porque si eres bueno nadie dudará en hacer lo mismo, empaparse de humanidad… Porque señores, hablamos de personas.

Que se nos meta algo en la cabeza, un buen vendedor no tiene porqué ser un líder, y ya no digo un buen líder. Aunque cada vez más las empresas se empeñen en pensar que “si es capaz de vender mucho, podrá hacer de los demás lo mismo”. A veces sí, muchas veces no.

Es un don que no tiene todo el mundo, y además no se llega a pagar con el dinero suficiente. Esta figura, este líder de personas, este papelón, este don, está mal pagado porque no se aprecia. Si lo tienes, si tienes a este gestor brillante, cuídalo, porque puede ser la llave de esa caja fuerte que no deja de llenarse en tu empresa. Y es que este buen líder, ¡sí es una garantía!

Alguien en una ocasión, en esa misma red social discrepaba conmigo, cuando hice una reflexión acerca de este tema, indicando que además debe tener la capacidad de enseñar. Esa persona me contestó diciendo que “eso no es un líder, es un profesor”. ¡Evidentemente! A aquellos que opinan del mismo modo, les diré que ese es el motivo de que existan tantas imitaciones de líderes

Para tu empresa, ¿quieres una caricatura de líder o a uno genuino?

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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