Sencillo homenaje en este 19 de marzo

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Por Carmen Prada

Habitualmente cuando soñamos, y más en los últimos años, como dice el anuncio, “los sueños no son baratos…” Hasta en eso han cambiado las personas, ahora hay que soñar muy a lo grande, en fin…

Mi padre nació en la localidad de Puente de Domingo Flórez, que dista por carretera de Ponferrada 35 kilómetros, y mi madre fue a vivir también para allí muy joven, aunque su origen es gallego. La casa donde mi padre nació y creció fue en la que vivieron sus abuelos, después sus padres la habitaron, y por último mi padre pudo cumplir su sueño, adquirir y reformar esa casa que tanto significa para él y en la que tantas y tantas experiencias ha vivido.

Aun era yo una jovencita, y recuerdo que el sueño a mis padres no le resultó fácil ni barato. Siempre han sido muy trabajadores, generosos en el esfuerzo, no han puesto límites a sus sacrificios, y también han sido soñadores. Claro que no es como en la actualidad, lo comenté en el primer párrafo, ahora soñamos o más bien “antojamos” muy a lo grande… Lo nuestro tiene que ser mejor que lo del vecino, no vayan a pensar que no me puedo permitir lo que quiera, que el coche sea mejor que el de la plaza de garaje colindante, o que podamos presumir como siempre de las últimas vacaciones. ¡Pues no! Eso nunca ha encajado en mi familia.

Soy la mayor de 3 hermanas, siempre me han hablado de la gran humildad de mis bisabuelos, he tenido la gran suerte de conocer de primera mano la de mis abuelos, y desde mi más tierna infancia en el día a día la de mis padres. Tanto por el lado materno como por el paterno, los pilares de la familia han sido los mismos: humildad, sencillez, honradez, sacrificio… Son los valores que nos han legado mis bisabuelos, abuelos y padres.

Ellos soñaron con esa casita, la que es ahora su hogar, ¡claro que sí! Pero sus sueños fueron más allá de algo material, la parte sentimental ganó la batalla a la anterior y con mucho esfuerzo, apoyo y tesón, lograron su sueño.

En ese hogar, nos hemos reunido y unido en momentos duros y tristes, también ha habido bellas confesiones, hueco para horas y horas de charla con mi madre, no nos hemos perdido una celebración navideña o un cumpleaños en familia, la matanza del cerdo o la recogida de uvas… Tantos y tantos momentos que no se pagan con dinero.

Llegado a este punto, ¿cómo no voy a ser soñadora? Lo he respirado en mi casa, me lo han inyectado en las venas, me han enseñado a respetar y actuar con seriedad ante los demás, a llevar por bandera la humildad y la sencillez, he visto cómo ellos han luchado y sacrificado muchas cosas por nosotras y por sus sueños, me han regalado el tesoro más preciado, que es el valor que para mí tiene la familia, por todo ello sé que primero debo soñar con el corazón y después llevarlo a la realidad. ¡Porque sin soñar no se puede vivir!

Gracias a su legado, el legado más difícil, el de la educación y los valores, mis padres me han hecho ver que también hay lazos que no son de sangre, pero en ocasiones son tan fuertes que los sientes como un regalo divino, que te ayudan a crecer de igual modo y acompañarte en la vida, que por momentos hacen de muletas, o te sacan una sonrisa. Me han enseñado tantas cosas, que me siento incapaz de devolvérselas por muchos años que viva. Y, ¿sabéis por qué me gustaría devolvérselo? Porque cada día me doy más cuenta, que el trabajo que han hecho ellos en 39 años con nosotras, no lo veo reflejado actualmente en la sociedad.

Veo unos padres acomodados a las tendencias, con resistencia a renunciar a algo por el hecho de ser padres, a seguir viviendo la misma vida que tenían hasta ese momento, a entender que la educación de sus hijos está en manos de los profesores, a que los hijos estén entretenidos para que molesten lo menos posible, a mostrarse indiferentes ante el dolor humano, a no tener el menor cuidado en cómo se muestran ante sus hijos, a pretender que los cambios de pareja sean vistos por sus propios hijos como algo natural, le dan a sus hijos todo lo que pueden en el aspecto material, y muchas veces no les dan tiempo para jugar con ellos o escucharlos.

Por todo ello, los chicos de hoy están impregnados, o quizá sea más preciso decir contaminados, de materialismo, compiten con el amigo por tener el mejor móvil, no les sirve cualquier cosa para comenzar laboralmente, el concepto de honradez apenas lo conocen, los deberes son demasiados, cuando eso antes ni se cuestionaba, tienen mucha menos tolerancia a la frustración, acostumbrados como están a ver satisfechos sus deseos con inmediatez, y aunque están conectados todo el día al whatsApp y las redes sociales, son muchas veces víctimas de esa epidemia tan de nuestra época, la de sentirse muy solo aun rodeado de un montón de gente.

Es preciso en la vida salir de la zona de confort que supone dejarse llevar por la corriente, y creo muy sinceramente que cada día es más complicado educar a los hijos, porque el ambiente no es que precisamente ayude. No obstante, no podemos perder la esperanza en los jóvenes, el futuro es de ellos, y no es verdad eso de que “cualquier tiempo pasado fue mejor.”

 

Gracias a mis padres por inculcarme tantas cosas que yo resumo en la frase que encabeza este blog, “haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad”.

Para terminar, os invito a escuchar una canción que me cautivó en mi juventud, y que continúa emocionándome por lo mucho que expresa su letra.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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2 comentarios en “Sencillo homenaje en este 19 de marzo

  1. Muchas gracias Carmen por hablarnos de esa parte tan intima de ti. Es bonito oír tus reflexiones sobre tu familia.
    Únicamente me gustaría hacer una reflexión sobre una parte de tu comentario. Hablas de la falta de valores de la juventud. En mi humildísima opinión te contradigo. Soy afortunado con mi hijo. Y con los amigos de mi hijo y con mis sobrinos y con sus amigos y con… al final hay muchísimos jóvenes que nos superan en mucho. Y en valores también. Sucede que la fama de la llevan unos pocos. Y son los que se hacen notar. Como los malos aficionados al fútbol que insultan a los árbitros y son unos pocos y no todos (afortunadamente).
    Un abrazó Carmen

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  2. Antes de nada, te deseo un feliz Día del Padre, por la parte que te toca.
    A quien me estoy refiriendo, y con pesar, no es a los hijos de los que ya somos maduritos, sino a las nuevas generaciones. Obviamente, hay de todo, y me alegro que tu experiencia en ese sentido sea tan positiva. Pero en mi familia política hay varios maestros, y me cuentan experiencias con los niños y sus padres muy desalentadoras. Y el ejemplo, Luis, que pones, me resulta muy cercano, pues como sabes yo fui árbitro de fútbol, y mi esposo lo es en activo, y vive frecuentemente situaciones que reflejan la desorientación existencial y la carencia de formación en valores de muchos niños y adolescentes.
    Muy agradecida como siempre por tus aportaciones.
    ¡Un abrazo Luis!

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