La paciencia es amarga, pero dulces son sus frutos

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Artículo publicado por Carmen Prada

El título de este artículo es un refrán lleno de sabiduría, atribuido a Rousseau, y que seguramente habremos oído a menudo, e incluso pronunciado, y que viene muy bien tener presente en este mundo nuestro lleno de prisas y agobios.

A menudo vivimos rodeados de impaciencia, y eso a veces se hace hábito, y los hábitos constituyen nuestro modo de vida, y por ello la impaciencia puede derivar en un modo de vida peligroso e insano.

El Diccionario de la R.A.E. define la impaciencia como intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar.”

Después de reflexionar un momento sobre lo que dice el diccionario y antes de entrar de lleno en el tema, ¿tú te consideras una persona impaciente? Probablemente estarás pensando que a veces, quizá, no demasiado…

Hace escasos días, hablando con alguien cuyo trabajo consiste en tratar con personas con algún tipo de trastorno, carencia, necesidad,  me comentaba que la constante cuando empezaban a trabajar con ellas era la impaciencia de las familias, que desean todo pronto y ya… Y mientras lo escuchaba, le entendía perfectamente. Somos así para con los demás y con la vida, pero no somos igual con nosotros mismos a la   hora de exigirnos. Seguro que conocemos muchas personas que continuamente tienen en la boca las frases    “un poco más tarde,” “lo hago mañana”, “ya te diré…”, frases que esas mismas personas no aceptan bajo ningún concepto como respuesta.

La falta de paciencia la podemos observar en cualquier ámbito de nuestra vida, voy a poner pequeños ejemplos:

–  Cuando las parejas se casan quieren tener el piso ya, que todo esté amueblado, disponer de coche…, y a veces no se puede, y no pasa nada, si tenéis toda la vida para crecer y prosperar juntos, y ese es un  proceso maravilloso que os puede unir más y más cada día, pasito a pasito, no dejéis que vuestra historia de amor dependa de eso;

– Un emprendedor con ansias de alcanzar los resultados ya. Muchas veces no nos damos cuenta que en la mayoría de los negocios hay que comenzar perdiendo/invirtiendo para que llegue el momento de poder ganar. Queremos el dinero rápido sin pensar que todo lleva su proceso, miramos a la competencia que tan bien le va y queremos ser como ellos y ya, sin más. Creemos que un negocio se monta en un día y al siguiente corren los billetes.

– Cuando alguien querido enferma, no pensamos lo difícil y comprometida que es la labor del médico, queremos que nos digan aquí y ahora lo que le sucede, y aun más, lo que va a ocurrir, como si fuera obligatorio tener dotes adivinatorias para ejercer la profesión de sanitario.

Estos son algunos ejemplos de distinta índole, quizá ahora hagas otra valoración de si eres impaciente o no…

Lo que sí os puedo decir es que las consecuencias de la impaciencia pueden ser funestas. El no alcanzar lo que deseamos, y que no todo se desarrolle según lo previsto en nuestra cabecita, si no tenemos paciencia nos puede causar frustración, irritación e incluso ira. Aumentan las emociones negativas y con ello el estrés.

En el terreno personal, disminuye la capacidad de escuchar y comunicarnos. Se empieza a hablar sin pensar lo que se dice, y muchas veces en consecuencia la gente no se encuentra a gusto a nuestro lado. Y si nos damos cuenta, nos irritan las personas con las ideas claras y además acompañadas de sonrisas permanentes.

También es cierto, y aquí cada uno que medite al respecto, que cuando dejamos a un lado lo personal y nos vamos al terreno profesional, existe una clara relación entre la falta de paciencia y el “aumento del endeudamiento”, según afirma la revista Research Review.  Estoy totalmente de acuerdo, queremos éxitos, dinero, prestigio y ya, sin más, llegando a hacer auténticas locuras para alcanzarlo, sin medir las consecuencias. He escuchado en ocasiones decir que el éxito de algunas empresas es consecuencia de la impaciencia. ¡No doy crédito! ¿Quizá confundimos la falta de paciencia con la ambición coherente? Pues por favor, ¡no hay que confundir a la gente!

 Es bien sabido que sin paciencia es imposible alcanzar la mayoría de los proyectos importantes de nuestra vida. La paciencia se puede desarrollar ejercitándola.

 Es muy bueno saber disfrutar de cada momento de la vida de muy diferentes formas, como tomarse un café con un amigo, pasear junto a la orilla de un río, visionar una buena película, complacer el paladar con una de tus recetas preferidas… Intenta hacer una lista de las cosas que te impacientan, y descubrirás que habitualmente nos angustia lo que no depende de nosotros. Preocupémonos más bien de las cosas que dependen de nosotros, y no nos fustiguemos con las que no están a nuestro alcance.

Conviene aclarar que asumir la vida y sus inconvenientes con paciencia no es lo mismo que resignarse pasivamente y aceptar que todo ocurre porque tiene que ocurrir. La paciencia es una virtud que se debe cultivar, y que nos ayuda a distinguir cuándo es el momento adecuado para dar un paso o tomar una decisión, sin dejarnos llevar por los nervios o la ansiedad, que son pésimos consejeros.

La paciencia es un rasgo de personalidad madura. Es la virtud de quienes toleran las contrariedades y adversidades, y las afrontan con fortaleza y sin lamentarse.

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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