Pasitos para adelante, alguno para atrás

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Artículo publicado por Carmen Prada

Hace unos días estaba yo conversando con un amigo experto en formación de personal de hostelería,  y me comentaba que no comprendía cómo muchos empresarios dan más valor a una camarera por su físico y excesivo celo en mostrar “cercanía al cliente”– muchas veces hasta la vulgaridad -, que por la aptitud en la preparación de un café, la educación refinada, el cuidado de servir una copa o un cubierto de forma adecuada…, y así otros ejemplos de exquisita praxis profesional. Y coincidía con él, pues tampoco yo lo acabo de entender.

Soy aficionada al deporte, y observo desde hace tiempo la tendencia al alza de que los informativos deportivos televisivos se asemejen cada vez más a los reality shows, más que a espacios dedicados a ofrecer una información rigurosa  y medianamente objetiva e imparcial de los deportes. Me llama poderosamente la atención que las mujeres se han hecho protagonistas tanto en los informativos generalistas como en estos programas. Vaya por delante que me satisface este protagonismo de la mujer en los medios de comunicación, y más cuando se habla de deporte, pero  muchas veces me pregunto si para prosperar en el sector deben pasar alguna prueba de belleza. Salta a la vista que habitualmente estas mujeres cumplen con unos cánones de imagen casi inalcanzables, con lo que entiendo que cualquiera que no cumpla con este requisito y aun siendo una gran profesional como periodista, muy difícil lo tiene para hacer carrera. Por otro lado, me fijo en sus compañeros varones y lo cierto es que, con todos mis respetos, no acostumbran a destacar en ese aspecto. En estos tiempos, afortunadamente, ni el deporte en general ni el fútbol en particular es solo cosa de hombres, pero me doy cuenta que los hombres físicamente normalitos de esos programas por lo general saben de lo que hablan, y aunque hay mujeres que demuestran estar muy preparadas, otras en cambio da la impresión que no han visto un balón en su vida, pero quizá eso sea lo de menos…

Recuerdo a la gran profesional María Escario, protagonista durante 30 años de la información deportiva. Nominada para algunos premios y en 2013 galardonada con el Premio Ondas. Ejemplo de periodista de los pies a la cabeza, pero lejos de lo que observo se demanda ahora, pues no destacaba por sus curvas ni por sus escotes o vestidos ceñidos, ni sus informaciones buscaban el morbo de forma absurda, sino que trataba al deporte y a los deportistas con elegancia y respeto, así como a los telespectadores, cuya inteligencia no insultaba.

Pero miremos a nuestro alrededor, a nuestro entorno, a las ofertas laborales que nos llegan, si nos fijamos en cualquiera y reparamos en un apartado clave que siempre aparece, el de requisitos, vemos entre ellos de una manera reiterativa “buena presencia”, pero curiosamente bajamos un poco y también aparece con frecuencia “no es necesario tener experiencia”.

Llegados a este punto de la reflexión que estoy haciendo, ¿alguien entiende que lo importante es que seas monísima aunque no tengas ni idea, para que seas apta para un puesto de trabajo? Tu dilatada experiencia, tu profesionalidad, la implicación en cada uno de los trabajos que has tenido, las responsabilidades que has asumido, la formación que tengas al respecto… no sirven para mucho, si ese primer  y primordial requisito no lo cumples. Evidentemente que al trabajo o a una entrevista se ha de ir arreglado y no zarrapastroso, pero muchos conocemos personas que no han sido contratadas por unos kilitos de más, sobre todo en trabajos de cara al público, y también personas totalmente incompetentes pero guaperas que por solo eso han sido contratadas. Realmente, ¿así se profesionaliza España, independientemente del sector? ¿Estamos seguros que esto es lo que reclama el cliente? ¿Es cierto que las mujeres buscamos verdaderamente la igualdad y el respeto por lo que somos? Son muchas preguntas, y seguramente infinitas respuestas según quién las conteste, pero ahí las dejo.

A mí me enorgullece que las mujeres cada vez estemos asumiendo más cargos de responsabilidad, que las diferencias se hayan acortado en los salarios, que hayamos superado el miedo a ser emprendedoras, que lideremos cada vez más empresas y gobiernos, ¿pero somos la mayoría o más bien una minoría las que luchamos por lo que somos y no por lo que solicitan “ver”?

Sin ánimo por mi parte de caer en un feminismo exacerbado, las mujeres no debemos dejar que nos valoren solo o fundamentalmente por tener la cara bonita, los pechos turgentes o el trasero prieto,  pues una cosa es que cada cual utilice sus encantos para empatizar y otra muy distinta apoyarse en la apariencia para disimular carencias interiores. Siempre he opinado que el peor enemigo de la mujer no es el machismo, sino la incongruencia de las propias mujeres.

¿No pensáis que quizá seamos nosotras las que debamos provocar estos cambios? La profesional lo es independientemente de su talla de ropa, edad, estado civil, cargas familiares, color de sus ojos… ¿Deseamos la igualdad? Seamos consecuentes y no abusemos de lo que a la postre se vuelve contra nosotras.

Un pequeño ejemplo, cotidiano, no quisiera que fuera frívolo, pero que sirve para plasmar esto último. Que un chico invite a una chica a una copa no me parece mal, pero como todo en la vida lo malo es el exceso, pues dejar entrar gratis a las chicas a un local al que los chicos solo pueden acceder pagando entrada, es sencillamente convertir a la mujer en reclamo sexual para atraer clientela masculina al garito, y curiosamente no he visto a ninguna mujer quejarse por esa discriminación. Total, que paguen ellos…

Pues así es difícil avanzar de verdad, si no levantamos la voz en situaciones del día a día en las que somos cómplices de que se nos siga tratando como ganado o maniquíes en vez de como mujeres con dignidad.

Hay todavía mucho camino por andar. A mí me ayuda compartirlo, y a veces los hombres me sorprenden en positivo y las mujeres me decepcionan. Por eso lo comparto como crítica que espero resulte constructiva en este 8 de marzo, instituido por la Asamblea de Naciones Unidas en 1977 como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. Que nadie se ofenda.

 

Carmen Prada | Asesora de Desarrollo Personal y Profesional

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